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Invertir en zonas consolidadas: por qué la escasez puede proteger el valor inmobiliario

Francisco Pérez
Francisco Pérez

Introducción

En inversión inmobiliaria existe una tendencia natural a buscar lugares capaces de experimentar un fuerte crecimiento futuro. Nuevas infraestructuras, desarrollos urbanísticos, llegada de servicios o transformación de determinadas áreas pueden generar oportunidades interesantes para quienes consiguen anticiparse a la evolución del mercado.

Sin embargo, no todas las estrategias patrimoniales necesitan apoyarse en anticipar el futuro.

Existe otra forma de invertir: adquirir activos en ubicaciones donde buena parte de aquello que determina su atractivo ya ha sido demostrado.

Hablamos de zonas consolidadas.

Son ubicaciones donde normalmente encontramos infraestructuras desarrolladas, servicios, demanda conocida, un tejido residencial establecido y suficiente historial para comprender cómo responde el mercado.

Pero desde una perspectiva de inversión existe otro factor especialmente importante: en determinadas zonas consolidadas resulta cada vez más difícil crear nueva oferta comparable.

Puede quedar poco suelo disponible. El planeamiento puede limitar nuevas densidades. Las mejores parcelas pueden estar ya ocupadas. Y sustituir el producto existente puede requerir inversiones cada vez mayores.

Aparece entonces una variable fundamental en el mercado inmobiliario: la escasez.

Sin embargo, escasez no significa automáticamente valor.

Una propiedad puede ser escasa y carecer de demanda.

Una ubicación puede estar completamente desarrollada y haber perdido atractivo.

Incluso dentro de una zona extraordinaria podemos comprar una propiedad mediocre o pagar un precio excesivo.

Por ello, invertir en una zona consolidada no consiste simplemente en comprar donde los precios ya son elevados.

Consiste en determinar si existe una combinación suficientemente sólida de demanda, escasez, dificultad de sustitución y precio de entrada.

Cuando estas variables coinciden, una zona consolidada puede ofrecer algo especialmente interesante para determinadas estrategias patrimoniales: capacidad para defender el valor a lo largo del tiempo.

¿Qué entendemos realmente por una zona consolidada?

Conviene comenzar diferenciando consolidación de prestigio.

Una zona no está consolidada simplemente porque sea conocida o porque sus propiedades alcancen precios elevados.

La consolidación es el resultado de un proceso.

Con el paso de los años se desarrollan infraestructuras, comunicaciones, servicios, comercios, restauración, colegios, zonas verdes y otros elementos que configuran la experiencia residencial.

Paralelamente, se crea un historial inmobiliario.

Sabemos qué tipo de comprador busca la zona.

Conocemos aproximadamente qué tipologías tienen mayor demanda.

Podemos observar qué propiedades se venden con mayor facilidad.

Existe información sobre precios, oferta, tiempos de comercialización y evolución del producto.

También conocemos mejor sus limitaciones.

Todo ello reduce parte de la incertidumbre.

No significa que podamos predecir el comportamiento futuro de los precios, pero disponemos de mucha más información para tomar decisiones.

Desde una perspectiva patrimonial, esa información tiene valor.

Invertir con menos incógnitas

Cuando adquirimos en una ubicación todavía en desarrollo, parte de nuestra inversión depende de expectativas.

¿Llegarán las infraestructuras previstas?

¿Se consolidarán los servicios?

¿Aparecerá suficiente demanda?

¿Qué producto terminará construyéndose?

¿Mantendrá la zona el posicionamiento inicialmente previsto?

Una ubicación consolidada sustituye algunas de estas preguntas por hechos observables.

Los servicios ya existen.

Las comunicaciones pueden evaluarse.

El comprador puede recorrer la zona.

El mercado dispone de operaciones comparables.

Sabemos, con mayor precisión, qué tipo de producto existe.

Esto no elimina el riesgo inmobiliario.

Simplemente cambia su naturaleza.

Y en determinadas estrategias de preservación patrimonial, reducir incertidumbre puede resultar tan importante como aumentar el potencial de rentabilidad.

La escasez como barrera de entrada

Uno de los elementos más interesantes de determinadas zonas consolidadas es la dificultad para generar nueva oferta.

Imaginemos una ubicación residencial de alta demanda donde prácticamente todas las parcelas están desarrolladas.

Para crear una nueva villa existen pocas alternativas.

Podemos adquirir uno de los escasos suelos disponibles, comprar una propiedad existente para reformarla o adquirirla para sustituirla por un nuevo proyecto cuando el planeamiento lo permita.

Cualquiera de estas alternativas puede requerir un capital considerable.

El propio precio del suelo actúa entonces como barrera de entrada.

También pueden hacerlo las normas urbanísticas.

Limitaciones de edificabilidad, ocupación, altura, segregación o densidad pueden impedir que la oferta aumente indefinidamente.

Desde el punto de vista patrimonial, esto resulta especialmente relevante.

Si existe demanda para una determinada ubicación pero resulta difícil incrementar significativamente la cantidad de producto comparable, los activos existentes pueden disponer de mayor capacidad para defender su posición.

Escasez de suelo no significa necesariamente escasez de producto

Aquí debemos introducir un matiz importante.

Una zona puede tener prácticamente agotado el suelo disponible y, sin embargo, conservar una gran capacidad de producir nueva oferta inmobiliaria.

¿Cómo?

Mediante la transformación del parque existente.

Supongamos una urbanización donde quedan muy pocas parcelas vacías, pero existen cientos de viviendas construidas hace treinta o cuarenta años.

Muchas pueden ser reformadas.

Otras podrían ampliarse.

Algunas podrían sustituirse por nuevas viviendas, siempre que la normativa urbanística lo permita.

Por tanto, el inversor no debería limitarse a preguntar:

¿Cuánto suelo queda disponible?

La pregunta más interesante es:

¿Cuánto producto comparable al mío puede llegar al mercado durante los próximos años?

Esta diferencia es fundamental.

La verdadera escasez inmobiliaria no depende únicamente del suelo vacío.

Depende de la capacidad total del mercado para crear alternativas capaces de competir con nuestra propiedad.

La dificultad de sustitución

Dos propiedades pueden encontrarse en la misma zona consolidada y tener niveles de escasez completamente diferentes.

Una puede estar situada sobre una parcela relativamente estándar, con características similares a muchas viviendas próximas.

Otra puede disponer de una parcela excepcional, orientación especialmente favorable, vistas difíciles de alterar, privacidad estructural, baja densidad alrededor, arquitectura singular o una combinación de atributos prácticamente imposible de reproducir.

La segunda propiedad puede resultar mucho más difícil de sustituir.

Este concepto es especialmente importante en vivienda de lujo.

El comprador con elevado poder adquisitivo normalmente dispone de alternativas geográficas.

Puede comparar distintas propiedades, zonas e incluso países.

Por ello, no basta con que un inmueble sea caro.

Debe ofrecer razones suficientemente sólidas para que un comprador prefiera esa propiedad frente a otras opciones.

Cuanto más difícil resulte encontrar una alternativa verdaderamente equivalente, mayor puede ser la escasez efectiva del activo.

Escasez sin demanda no garantiza valor

La escasez suele presentarse como una característica automáticamente positiva.

No debería ser así.

Un activo puede ser extremadamente escaso y no tener suficientes compradores.

Por ejemplo, una tipología residencial muy particular puede existir en cantidades mínimas, pero si apenas hay demanda para ella, esa escasez tendrá un valor económico limitado.

Por eso debemos relacionar siempre dos variables: escasez y demanda.

Una zona consolidada adquiere especial interés cuando existe una demanda demostrada y, simultáneamente, resulta difícil aumentar la oferta de propiedades que esa demanda busca.

La escasez sin demanda no crea necesariamente valor; la combinación de escasez y demanda puede generar capacidad para defenderlo.

Esta diferencia es esencial para cualquier análisis patrimonial.

Pagar una prima por mayor certidumbre

Las zonas consolidadas suelen exigir precios de entrada superiores.

Esto puede interpretarse simplemente como una desventaja.

Pero conviene analizar qué estamos pagando realmente.

Imaginemos dos villas.

La primera se encuentra en una ubicación consolidada y tiene un precio de 5,5 millones de euros.

La segunda se encuentra en un área todavía en proceso de desarrollo y cuesta 4,5 millones de euros.

Existe una diferencia de un millón.

Ese millón no representa necesariamente únicamente prestigio.

Parte de la prima podría corresponder a servicios existentes, infraestructuras terminadas, demanda demostrada, reconocimiento de la ubicación, menor incertidumbre, escasez de producto y limitada capacidad de nueva oferta.

El problema aparece cuando pagamos una prima que no está suficientemente respaldada por estos atributos.

Por eso la pregunta no debería ser únicamente si una zona consolidada es cara.

Deberíamos preguntarnos:

¿Qué parte del precio adicional está respaldada por características estructurales y qué parte corresponde simplemente al nombre de la ubicación?

El riesgo de pagar por el nombre

Una ubicación prestigiosa puede generar una falsa sensación de seguridad.

Si la zona es extraordinaria, podemos asumir que cualquier propiedad situada dentro de ella representa automáticamente una buena inversión.

No es así.

Dentro de una misma ubicación pueden existir enormes diferencias.

Dos villas separadas por apenas unos cientos de metros pueden tener distinta orientación, privacidad, ruido, accesos, vistas, topografía o calidad de parcela.

Una puede encontrarse protegida frente a futuras construcciones.

Otra puede tener delante un suelo susceptible de desarrollo.

Una puede disponer de una parcela difícilmente reproducible.

Otra puede pertenecer a una tipología ampliamente disponible.

El nombre de la zona es importante, pero no sustituye el análisis individual del activo.

No compramos únicamente una ubicación; compramos una propiedad concreta dentro de ella.

Y el precio debe reflejar ambas cosas.

Una excelente ubicación tampoco justifica cualquier precio

Supongamos que identificamos una vivienda excepcional en una de las mejores zonas de su mercado.

Existe demanda.

La oferta es limitada.

La parcela es buena.

La futura reventa parece razonablemente favorable.

Todavía queda una pregunta fundamental:

¿A qué precio estamos entrando?

Incluso el mejor activo puede convertirse en una inversión poco atractiva si pagamos demasiado.

El tiempo puede ayudar a absorber una prima moderada si el mercado evoluciona favorablemente.

Pero cuanto mayor sea el sobreprecio inicial, mayor crecimiento necesitaremos simplemente para recuperar nuestra posición.

Por eso debemos separar dos afirmaciones:

Es una magnífica propiedad.

Es una magnífica inversión a este precio.

No significan lo mismo.

La inversión comienza cuando relacionamos la calidad del activo con el capital necesario para adquirirlo.

¿Puede seguir creciendo una zona que ya está consolidada?

Una zona consolidada no tiene por qué haber agotado su potencial.

La revalorización puede continuar por diferentes razones.

Puede aumentar la demanda internacional.

Pueden mejorar las comunicaciones.

El producto residencial existente puede elevar progresivamente su calidad.

Puede aumentar la escasez.

Nuevos servicios premium pueden reforzar el posicionamiento.

O simplemente puede existir una competencia creciente por una cantidad limitada de propiedades excepcionales.

Pero tampoco debemos asumir que la consolidación implica crecimiento permanente.

Una zona puede estabilizarse.

Puede aparecer competencia en otras ubicaciones.

Pueden cambiar las preferencias de los compradores.

Por eso el argumento de que, si ya no queda suelo, los precios siempre subirán resulta demasiado simplista.

La escasez puede contribuir a defender el valor, pero necesita que la demanda continúe existiendo.

La reforma como forma de crear valor en zonas consolidadas

Cuando apenas queda suelo libre, muchas oportunidades de inversión aparecen en el parque inmobiliario existente.

Esto resulta especialmente interesante desde la perspectiva del promotor.

Una vivienda construida hace varias décadas puede ocupar una parcela extraordinaria, pero no responder a las necesidades actuales del comprador de lujo.

Puede tener una distribución obsoleta, instalaciones antiguas, baja eficiencia energética, espacios interiores poco conectados con el exterior, acabados desactualizados o una arquitectura que no aprovecha suficientemente la parcela.

Aquí puede existir una oportunidad de reposicionamiento.

El valor no se crea descubriendo una nueva ubicación.

Se crea mejorando el producto dentro de una ubicación cuya demanda ya está demostrada.

Esta estrategia puede reducir determinadas incertidumbres comerciales, aunque introduce otras relacionadas con obra, costes, licencias y tiempo.

Un ejemplo de reposicionamiento

Imaginemos una villa existente adquirida por 3,8 millones de euros.

La propiedad necesita una reforma integral.

El presupuesto de obra asciende a 1 millón de euros.

Añadimos aproximadamente 400.000 euros para honorarios profesionales, contingencias y otras partidas vinculadas al proyecto.

La inversión se situaría alrededor de 5,2 millones de euros, antes de considerar determinados impuestos, financiación y otros costes de adquisición o comercialización.

Supongamos que estimamos un valor de mercado del producto terminado de 6,2 millones de euros.

Aparentemente existe una diferencia de un millón.

Pero ese millón no es beneficio.

Debemos analizar fiscalidad, coste financiero, tiempo de ejecución, posibles desviaciones, costes de comercialización, precio real de venta y margen de seguridad.

Si la reforma tarda doce meses más de lo previsto, el coste financiero puede aumentar.

Si la obra se desvía un 10 %, el margen se reduce.

Si finalmente el mercado acepta 5,9 millones en lugar de 6,2, vuelve a reducirse.

La zona consolidada puede disminuir parte del riesgo de demanda.

No elimina el riesgo de ejecución.

El tiempo continúa siendo una variable fundamental

Una oportunidad no debería evaluarse únicamente por la diferencia entre precio de compra y valor futuro.

También debemos analizar cuánto tiempo necesitamos para materializarla.

Una operación de reposicionamiento que necesita dos años no es económicamente idéntica a otra que necesita cuatro para alcanzar el mismo resultado.

Durante ese periodo existen capital inmovilizado, financiación, costes de mantenimiento, riesgo de mercado y coste de oportunidad.

En una zona consolidada podemos tener mayor visibilidad sobre el producto final y la demanda.

Pero seguimos necesitando controlar el calendario.

La consolidación del mercado no detiene el tiempo financiero.

La liquidez como elemento patrimonial

Otra posible ventaja de las zonas consolidadas es que el comprador ya conoce la ubicación.

Cuando una zona dispone de reconocimiento nacional o internacional, no necesitamos explicar completamente por qué alguien debería vivir allí.

Existe un mercado previo.

Esto puede facilitar la futura comercialización.

Sin embargo, ubicación consolidada tampoco equivale automáticamente a liquidez.

Una propiedad excesivamente personalizada puede tener un público reducido.

Una vivienda con un precio claramente superior al mercado puede permanecer años en venta.

Un activo con importantes defectos estructurales puede encontrar resistencia incluso en una ubicación extraordinaria.

Por tanto, la ubicación puede aportar liquidez, pero el producto y el precio deben acompañarla.

Esta cuestión resulta especialmente importante en el segmento de lujo, donde el número de compradores disminuye a medida que aumenta el precio.

El comprador internacional y la reducción de incertidumbre

Para un comprador extranjero, una ubicación consolidada puede resultar especialmente atractiva.

Comprar en otro país implica asumir cierto grado de incertidumbre.

El comprador necesita comprender la zona, los servicios, las comunicaciones, el mercado, la seguridad, la calidad de vida y el comportamiento inmobiliario.

Una ubicación con trayectoria y reconocimiento puede facilitar parte de este proceso.

La existencia de colegios internacionales, servicios especializados, restauración, conexiones aéreas y una comunidad internacional establecida puede reforzar esta confianza.

Desde una perspectiva patrimonial, disponer de demanda procedente de diferentes mercados geográficos también puede resultar interesante.

No garantiza liquidez.

Pero amplía potencialmente la base de compradores futuros.

La oferta futura importa tanto como la demanda actual

Uno de los errores más frecuentes consiste en analizar únicamente el mercado presente.

Vemos que una zona tiene demanda.

Observamos buenos precios.

Comprobamos que determinadas propiedades se venden.

Pero una inversión patrimonial debería mirar también hacia adelante.

¿Cuánto suelo queda?

¿Qué puede construirse?

¿Qué viviendas existentes pueden transformarse?

¿Qué proyectos están en desarrollo?

¿Qué producto nuevo llegará al mercado?

Supongamos que nuestra villa compite actualmente con cinco propiedades similares.

La situación parece favorable.

Pero si existen proyectos capaces de introducir otras treinta viviendas equivalentes durante los próximos tres años, nuestra posición competitiva puede cambiar.

En cambio, si las características urbanísticas y físicas de la zona hacen prácticamente imposible aumentar la oferta comparable, la escasez puede ser mucho más estructural.

Por eso, la futura competencia comienza mucho antes de que las nuevas viviendas aparezcan anunciadas en el mercado.

Preservar capital también es una estrategia de inversión

Existe una visión de la inversión que se concentra casi exclusivamente en maximizar rentabilidad.

Pero no todos los patrimonios persiguen exactamente el mismo objetivo.

Un inversor puede buscar crecimiento agresivo.

Otro puede priorizar ingresos.

Otro puede buscar diversificación.

Y determinados patrimonios pueden conceder enorme importancia a la conservación del capital.

En este último caso, las zonas consolidadas pueden resultar especialmente interesantes cuando combinan demanda estructural, oferta limitada, buena liquidez relativa, calidad urbana, servicios y activos difíciles de reproducir.

Esto no significa renunciar a la revalorización.

Significa modificar el orden de prioridades.

En determinadas estrategias patrimoniales, proteger bien el capital puede ser más importante que perseguir continuamente la máxima rentabilidad posible.

Una inversión capaz de mantener demanda durante diferentes ciclos puede tener un papel distinto dentro de un patrimonio que una operación basada principalmente en expectativas de crecimiento futuro.

Ambas estrategias pueden ser válidas.

Pero responden a objetivos diferentes.

Cinco preguntas antes de invertir en una zona consolidada

Antes de adquirir una propiedad en una ubicación consolidada, existen cinco preguntas que considero especialmente relevantes.

La primera es: ¿existe demanda estructural?

No basta con observar un momento excepcional del mercado. Debemos intentar comprender qué perfiles compran, por qué lo hacen y si esos motivos tienen posibilidades razonables de mantenerse.

La segunda: ¿cuánta oferta comparable puede aparecer?

Aquí debemos analizar suelo disponible, planeamiento, viviendas susceptibles de transformación y proyectos futuros.

La tercera: ¿qué atributos de esta propiedad son realmente escasos?

Ubicación por sí sola puede no ser suficiente. Parcela, vistas, privacidad, orientación, arquitectura y dificultad de sustitución pueden marcar grandes diferencias.

La cuarta: ¿estoy pagando una prima razonable por esa escasez?

Una propiedad extraordinaria puede justificar un precio superior. Pero necesitamos comprender qué estamos pagando y por qué.

Y la quinta: ¿quién podría comprarme esta propiedad dentro de diez años?

Esta pregunta obliga a pensar más allá de nuestras preferencias personales.

Nos lleva directamente a la futura demanda, liquidez y capacidad del activo para mantener atractivo.

La reventa comienza en el momento de la compra

Cuando pensamos en una estrategia patrimonial de largo plazo, diez o quince años pueden parecer periodos suficientemente amplios para no preocuparnos hoy por la futura venta.

Sin embargo, muchas de las características que determinarán la reventa se deciden en el momento de adquirir.

No podremos trasladar la parcela.

Difícilmente modificaremos la densidad de la zona.

No controlaremos toda la oferta futura.

Y algunos atributos estructurales de privacidad, orientación o vistas serán prácticamente imposibles de crear posteriormente.

Por ello, incluso cuando no existe intención inmediata de vender, conviene pensar en el siguiente comprador.

Una propiedad que satisface exclusivamente preferencias extremadamente personales puede tener un comportamiento diferente de otra capaz de atraer a una base más amplia de demanda de alto poder adquisitivo.

Comprar pensando en el largo plazo no significa olvidarse de la salida.

Significa precisamente comprar de manera que tengamos más opciones cuando llegue ese momento.

Conclusión

Invertir en una zona consolidada no consiste simplemente en adquirir una propiedad dentro de una ubicación conocida, prestigiosa o con precios elevados.

La verdadera oportunidad aparece cuando detrás de esa consolidación existe una estructura capaz de sostener el atractivo del activo.

Demanda demostrada, servicios, infraestructuras, calidad urbana, oferta limitada y, especialmente, dificultad para crear propiedades verdaderamente equivalentes.

La escasez puede actuar como una importante barrera de entrada.

Pero debemos comprender qué tipo de escasez estamos comprando.

Que no quede suelo vacío no significa necesariamente que no pueda aparecer nueva oferta.

El parque existente puede transformarse.

Las viviendas pueden reformarse.

Determinados activos pueden sustituirse.

Por eso el análisis debe ir más allá de contar parcelas disponibles.

Debemos estudiar cuántas alternativas comparables pueden llegar al mercado y qué características de nuestra propiedad resultan realmente difíciles de reproducir.

También debemos recordar que la escasez necesita demanda.

Una propiedad difícil de encontrar pero que pocos compradores desean no obtiene automáticamente una ventaja patrimonial.

Y ni siquiera la mejor combinación de demanda y escasez justifica cualquier precio.

El precio de entrada continúa siendo determinante.

Una magnífica vivienda puede ser una mala inversión si pagamos una prima excesiva.

Precisamente por ello debemos distinguir entre comprar una gran propiedad y realizar una gran operación.

Las zonas consolidadas pueden ofrecer además oportunidades mediante la transformación del producto existente.

Cuando el suelo escasea, reformar, reposicionar o sustituir viviendas obsoletas puede convertirse en una vía para crear valor.

Pero esas operaciones deben incorporar costes, financiación, tiempo, fiscalidad, riesgos de ejecución y margen de seguridad.

No existe inversión inmobiliaria sin riesgo.

La consolidación simplemente puede permitirnos comprender mejor algunos de ellos.

Desde una perspectiva patrimonial, esa mayor visibilidad puede ser especialmente valiosa.

No todos los inversores necesitan buscar constantemente la ubicación con mayor expectativa de crecimiento.

En ocasiones, el objetivo puede ser diferente: adquirir un activo de calidad en un mercado probado, con demanda suficientemente amplia y una oferta difícil de reproducir.

Porque preservar patrimonio también forma parte de invertir.

Invertir en una zona consolidada no consiste simplemente en comprar donde los precios ya son elevados. Consiste en identificar ubicaciones donde la demanda ha sido demostrada, la oferta verdaderamente comparable resulta difícil de reproducir y el precio que pagamos continúa teniendo sentido.

Una zona consolidada puede no ofrecer siempre la mayor expectativa de crecimiento.

Pero cuando combina demanda, escasez y dificultad de sustitución, puede ofrecer algo especialmente valioso para el inversor:

Capacidad para defender el patrimonio a lo largo del tiempo.

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